En cuanto el sol salió por el horizonte me alteré al observar como un hombre seguido por una enorme mantis se nos acercaba.
Subí a lomos del fiel caballo y me acerqué arco en mano.
Era un druida Asimar que se ofreció a acompañarnos en nuestro paso por el bosque.
Era ridículo que lo hicese, ya que yo sabía orientarme más que de sobra por aquél lugar; pero el mediano le invitó a acompañarnos y el resto del grupo no se percató de que podía ser una amenaza para nosotros.
Cuando nos encontrábamos a medio camino en el bosque, escuché el reclamo de mi clan que avisaba de que se acercaban. Respondí como estaba acostumbrado a hacer, y en cuestión de minutos los tuvimos encima.
Tras una charla ligera les pedí que me ayudasen a llevar al grupo al otro lado del bosque y accedieron.
Finalmente llegamos al pie de las montañas, y antes de despedirnos les dije que quería hablar con ellos. Le dije al elfo que nos acompañase y allí hablamos.
La conversación giró en torno a lo que nos había ocurrido hasta entonces, les narré todo y me prometieron ayuda en caso de necesitarla.
La drow fue tan estúpida como para mandar a su antinatural compañero a espiarnos... Me entraroon ganas de matarlo.
Al regresar con el resto del grupo les di aviso del comportamiento de la hechicera, pero no le dieron demasiada importancia... ¿Cómo no dar importancia a que una drow me espiase? En ese momento juré que acabaría con ella...
Pero en ese momento empezó la caza, la caza de kobolds.
Haciendo uso de mi experiencia como cazador comenzamos a seguir el rastro de los kobolds.
Nos enfrentamos a diversos grupos de aquellas penosas criaturas hasta que acabamos en una cueva.
Pensamos en acampar a las afueras de la cueva, pero el mediano insistió en que entraría a explorarla.
Me vi demasiado tentado a seguirle, de modo que lo hice aunque no debí haberlo hecho.
Cuando quise darme cuenta cuatro ogros me habían visto y corrían detrás de mi hacia el exterior de la cueva, por suerte el caballero escuchó mis gritos y se preparó para el combate.
Fue una lucha encanrizada en que creí que habían acabado con el único miembro del grupo no elfo que me inspiraba algún tipo de confianza; por suerte seguía vivo aunque malherido al terminar el combate, de modo que nos metimos en la cueva a pasar la noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario