lunes, 7 de junio de 2010

Uridim, cuaderno de bitácora D&D 22.05.2010

Aunque estábamos listos para partir, el sol comenzaba a ocultarse.
Yo no tenía ningún problema con viajar de noche, probablemente el resto del grupo sí; seguro que si el inteligente humano trataba de andar de noche terminaría con una pierna rota. La idea era tentadora.

Aunque durante unos momentos pensase si viajar o no de noche, el grupo entero actuó antes de oír mi opinión y se dirigieron al barco a dormir. Antes de marcharnos me fijé en que un elfo de aspecto débil nos seguía desde cierta distancia. No le di importancia. Un grupo con dos asimar, un humano, un mediano, una traicionera drow y yo, sería bastante llamativo.
La idea de pasar una noche metido en una sala de madera no me pareció muy tentadora y me decanté por subirme a algún lugar desde donde se pudiesen ver las estrellas y allí descansar durante la noche.

A la mañana siguiente salí a cazar como de costumbre y a la vuelta me subí a un lugar con buenas vistas donde pudiese ver el barco.

Varias horas después el grupo comenzó a salir, y extrañamente, aquél elfo que la noche anterior nos había seguido se encontraba con ellos. Me pregunté por qué, pero decidí no hacer preguntas en presencia de la drow.

Me acerqué al grupo y observé con detenimiento al elfo. No parecía tener intenciones belicosas para con nosotros, pero me andaría con ojo.


Salimos por fin de la ciudad y obsrevé como el nuevo elfo trataba de dar indicaciones vagas sobre como llegar a las montañas a las que nos dirigíamos. Sonreí para mis adentros, pero no creí oportuno hacerle ver mi sentido del humor, de modo que simplemente indiqué que efectivamente por allí se iba.
Lo que estaba claro es que con sus indicaciones llegaríamos al bosque, a mi bosque... y allí tendría que volver a verlos...

Andamos durante bastante tiempo. Observé como nuestro nuevo compañero no estaba acostumbrado al campo y le ofrecí acompañarme en el caballo; se negó.
Me pareció una falta de cortesía por su parte no aceptar cabalgar conmigo y más aún viendo que sus pies no habían andado antes sobre piedras, pero me callé y me limité a adelantarme para explorar el camino.

Durante el viaje andamos siempre al lado del río, y en determinado momento la naturaleza se enfureció, probablemente por algún comportamiento del estúpido humano; y nos tuvimos que enfrentar con cuatro elementales de agua.

Cuando se hizo de noche estábamos ya a una distancia bastante corta del bosque y decidimos descansar allí.

Por la noche hablé con el elfo y le avisé de la drow. Nos andaríamos con ojo.

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